La mejora participativa. Una vacuna frente a la crisis

Por Vicente Sánchez - Director General de Servicios de Wolters Kluwer España

Publicado en el diario La Gaceta, el 29 de julio de 2009

Siempre he pensado que el mes de julio es uno de los mejores momentos para hacer balance de la actividad del año. Aunque la presencia inminente de las vacaciones marca un ritmo frenético y vertiginoso en la actividad cotidiana de las empresas, en esta época se hace especialmente necesario dedicar un tiempo a mirar atrás y analizar con perspectiva la situación de los primeros siete meses vividos, y lo que es más importante, los planes no sólo para el último cuatrimestre sino para el nuevo ejercicio que está ya al acecho.

Si hay una característica que está destacando para todos en este 2009 es el decrecimiento en los indicadores de actividad económica, lo que ha supuesto un serio revés en la cifra de ingresos para una gran parte de las empresas de nuestra economía mundo. Pese a ello, la mayoría de las corporaciones españolas y multinacionales han hecho del mantenimiento de la rentabilidad el objetivo principal del año. Un objetivo irrenunciable desde el cual señalar al mercado su capacidad decidida para afrontar la crisis y reinventarse.

Sostener la rentabilidad en un contexto de mercado turbulento donde gran parte del crecimiento de los ingresos colapsa, implica no sólo una buena dosis de análisis, creatividad y disciplina sino, especialmente, sentido de la participación. Reconvertirse, cambiar las bases de negocio y, en definitiva, afrontar lo que se llama "economía de guerra" no es el resultado de un sesudo ejercicio gerencial de unos pocos, sino la consecuencia de un fuerte compromiso de la totalidad de los empleados en el que comunicar a todos las dificultades reales, solicitar la opinión sobre las alternativas más eficientes e identificar conjuntamente de "abajo a arriba" costes superfluos son, que duda cabe, las principales claves del éxito.

Recuperar lo que se ha llamado el espíritu de la "start up", o lo que es lo mismo, ese ánimo en el que un equipo motivado y próximo que pone en marcha un negocio es capaz de superar cualquier obstáculo, constituye en estos momentos la principal palanca de éxito. A partir de aquí, existen distintas vías para canalizar ese esfuerzo de mejora común. Y en concreto, creo necesario resaltar brevemente dos que resultan especialmente eficaces.

La primera vía es la delegación en la responsabilidad sobre el gasto. En numerosas ocasiones, las empresas en nuestro país muestran su incapacidad a la hora de trasladar a sus mandos la responsabilidad concreta sobre los diferentes epígrafes de gasto. En este entorno se hace difícil obtener mes a mes y con el debido nivel de desglose información de gestión que pueda trasladarse a los equipos de dirección. Y sin embargo, no hay herramienta más eficaz que aplicar los criterios racionales de la economía doméstica al mundo laboral: hacer que cada responsable en la cadena de mandos, como lo es cada miembro familiar, sea consciente de su nivel de gasto, fijar objetivos breves y claros, ilustrar la importancia de contar con la cooperación del equipo y descentralizar y delegar la gestión, permite obtener resultados sorprendentes, no importa si la categoría en cuestión son los viajes, los costes de consumibles informáticos o los productos de promoción.

El segundo camino hacia la rentabilidad se apoya en las modernas aproximaciones de mejora continua, y entre ellas muy especialmente Six Sigma. Desde su concepción inicial por Motorola o General Electric, este método de excelencia operativa ha sido adoptado por numerosas compañías en el mundo, atraídas por la eficacia de las recomendaciones de mejora que surgen "sobre la arena" y "desde abajo", esto es, son propuestas en cada área por los gestores del día a día y que mejor conocen sus repercusiones prácticas. No deja de resultar asombrosa la sagacidad de las conclusiones de un equipo de expertos trabajando con método sobre un tema del que conocen todas sus variables en profundidad.

Son sólo dos ejemplos de la capacidad humana de innovar y afrontar las dificultades del mercado, que impone retos, pero permite que los negocios se reconstruyan sobre modelos diferentes. En definitiva, vacunas contra una crisis que, como la Gripe A, amenaza con recrudecerse en el otoño caliente que nos espera a la vuelta de la esquina.