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Mesa redonda Fundación Wolters Kluwer- ESADE

  • El nuevo modelo de relación entre las empresas y sus abogados externos.

Un reciente encuentro organizado entre la Fundación Wolters Kluwer y ESADE ha analizado el estado de la relación entre las asesorías jurídicas internas (o General Counsel) y los despachos externos a los que contratan. La necesidad de aportación de valor al negocio del cliente, más allá de la propia función técnico-jurídica, se revela como un factor esencial en esta relación.

La relación entre las asesorías jurídicas internas de las empresas (o General Counsel, en terminología anglosajona) y los despachos externos a los que contratan, se ha modificado sustancialmente en los últimos años.

La crisis económica iniciada en 2007 ha eliminado de esta relación criterios antes tenidos como inamovibles, como la facturación por horas, ahora sustituida por una fuerte tensión a la baja de los honorarios de los abogados. Ahora se demandan modelos de honorarios mucho más flexibles y a la vez predecibles, que se deben complementar con una involucración mucho mayor del abogado externo en el negocio de su cliente, basado en su conocimiento técnico pero también empresarial y tecnológico, con un componente mucho más directivo que puramente técnico.

Estas son algunas de las conclusiones que se pueden extraer de la jornada “La relación entre abogados de empresa y abogados externos: cómo ha cambiado?, ¿qué es la cultura colaborativa?”, que tuvo lugar recientemente en Madrid, organizada por la Fundación Wolters Kluwer y ESADE y en la que participaron Isabela Pérez, secretaria general y del Consejo de Coca-Cola Iberian Partners; Oscar García Maceiras, Group General Counsel, Deputy Secretary of Board of Directors de Banco Santander; Carlos Rueda, socio director de Gómez-Acebo & Pombo y Luis Fernando Guerra, socio director de Deloitte Legal, bajo la moderación de Eugenia Navarro, profesora de Estrategia y Marketing Jurídico de ESADE Law School.

La vinculación entre el abogado externo y el negocio del cliente

Hoy lo que la empresa espera del abogado externo no es solo una elevada competencia técnica sino, sobre todo, que tenga un fuerte sentido estratégico sobre el negocio de su cliente. Este factor fue destacado desde el principio por José Mª Michavila, presidente del Consejo Asesor de Wolters Kluwer España, que abrió el acto.

¿En qué se traduce esta exigencia? Como destacó Eugenia Navarro, en un conocimiento de la empresa y de la gestión empresarial que le permita aportar un enfoque directivo a su labor.

Este nuevo enfoque, explicó Isabela Pérez, determina por un lado, que el abogado interno ha tomado las riendas de la asesoría de la compañía (ya no es un mero proveedor de información para el asesor externo), por lo que éste pasa a formar parte de la estrategia de la compañía.

¿Cómo ha cambiado el modelo de relación?

Y es que, como explicó Isabela Pérez, hasta hace no mucho el abogado externo tenía una función de soporte de la organización, solía depender del departamento financiero de la empresa a la que asesoraba y su trabajo era básicamente reactivo a las incidencias que se producían en la vida de la empresa, gestionando el riesgo legal asociado a la misma.

Es decir, como señaló Carlos Rueda, su perfil estaba centrado en el conocimiento técnico, priorizando la perfección técnica sobre la necesidad resolutiva de la empresa, sin mostrar especial empatía con el negocio del cliente ni estar orientado a su negocio y, en general, mostrando escasas habilidades tecnológicas.

Pero hoy el entorno y las necesidades de los clientes han cambiado: el entorno hoy es volátil, incierto, complejo y ambiguo (VUCA por sus siglas en inglés); caracterizado por una irrupción masiva de la tecnología y de la globalización, en el que los servicios legales han adquirido un carácter de commodity (mercancía) del que los clientes esperan una predictibilidad de costes.

En este contexto se hace imprescindible un asesoramiento jurídico correcto en un marco en el que la complejidad legal ha aumentado mucho al combinarse las legislaciones europeas, nacionales y autonómicas y las empresas se ven sometidas a la tensión de crecer o morir, lo que las exige una elevada eficiencia (que incluye la de la asesoría jurídica interna).

Por ello en la actualidad se espera que el abogado externo cuente, además de con elevados conocimientos técnico-jurídicos, con un conocimiento de gestión empresarial que le permita ser un business partner de su cliente, integrado en los órganos y foros de decisión de la empresa, que esté alineado con el negocio y actúe con flexibilidad y rapidez y carácter preventivo, anticipándose a los problemas, con un elevado componente tecnológico y orientado a la medición del valor que aporta al cliente.

¿Cómo seleccionar al asesor externo?

Según se apuntó, seleccionar al abogado externo es un arte, pues no se trata simplemente de seleccionar un despacho de prestigio, sino de elegir un abogado con el que te sientas cómodo, asumiendo el riesgo de esa decisión.

Algunas de las pautas que se plantearon a este respecto, fueron, por un lado, buscar una diversificación de asesorías externas, pues los monopolios de proveedores no son buenos.

Además, según Carlos Rueda, requiere que el candidato posea un fuerte componente tecnológico y una especialización en nuevos sectores jurídicos vinculados a nuevas actividades económicas y modelos emergentes que ofrezca un valor basado en la innovación del servicio prestado.

Esto incluye la utilización de repositorios compartidos de información con el cliente, que le permitan a este disponer en todo momento de la que necesita.

Según Luis Fernando Guerra, si bien las necesidades y exigencias de los clientes han cambiado en los últimos tiempos, lo que no lo ha hecho ha sido la necesidad de una relación de confianza entre el abogado externo y su cliente interno.

Esta relación se basa principalmente en la necesidad de ganarse la confianza profesional del cliente, y esta confianza se gana, por un lado, sabiendo escucharle, para conocer sus preocupaciones y necesidades e intentar así sorprenderle ofreciéndoles soluciones innovadores próximas a esas necesidades. Y, por otro, por medio de la empatía, de ponerse en su lugar, para poder anticiparse a esas necesidades.

La gestión de proyectos legales

La importancia de esta metodología, conocida como Legal Project Management, gana cada día más importancia en la relación entre el cliente y su abogado externo y fue citada por varios de los ponentes como muy relevante.

El asesor externo debe acostumbrarse a trabajar en un modo “ingenieril” o “industrial”, definiendo minuciosamente las fases de su trabajo, planificando sus tiempos y los objetivos a lograr en cada una de ellas, midiendo las desviaciones, informando al cliente en tiempo real de la evolución del proyecto y sometiéndolo a un proceso de mejora continua.

El nuevo papel de las asesorías internas

Otro de los aspectos que se plantearon es ¿Cómo queda el papel del asesor jurídico interno en esta nueva situación? ¿Cómo ha cambiado?

Como señaló Óscar García Maceiras, este profesional se ha convertido en un gestor de equipos capaz de hacer que los mismos sean capaces de rendir mejor para la empresa, siendo capaz de medir tanto su aportación como su coste para la empresa.

Ello incluye la posibilidad de recurrir a fórmulas novedosas de formación de los integrantes de su equipo, como la de destinarles durante períodos limitados de tiempo a despachos externos en los que perfeccionar su formación.

Dada la complejidad de funciones que puede realizar en las grandes organizaciones, resulta imprescindible su capacidad de trabajar en modo proyecto (lo mismo que se exige al asesor externo), con una elevada conciencia de prevención del riesgo legal que acompaña a las decisiones del negocio.

Sobre este punto concreto, García Maceiras se preguntó si las universidades están formando adecuadamente a los nuevos profesionales en aspectos como la gestión del trabajo jurídico por proyectos, la importancia del Excel y del dato, como nuevos elementos de su trabajo.

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